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ELECCIONES, CAMBIO POLÍTICO Y
REFORMA CONSTITUCIONAL EN NICARAGUA
José Manuel Martínez Sierra*
SUMARIO
1. Introducción
2. El contexto del proceso electoral del 5 de noviembre de 2006
2.1. Realidad sociopolítica
2.2. Marco jurídico del proceso electoral
2.3. Sistema electoral
2.4. Poder electoral
2.5. El procedimiento de escrutinio
3. El momento preelectoral
3.1. Candidaturas y campaña electoral
3.2. Las encuestas preelectorales
3.3. La vulneración del silencio electoral
3.4. La injerencia extranjera
4. La jornada electoral
4.1. Transcurso de la jornada electoral
4.2. Los observadores electorales
5. Resultados electorales
6. Interpretación de los resultados electorales
6.1. Elecciones a la presidencia y vicepresidencia de la República
6.2. Elecciones a diputados de la Asamblea Nacional, en la circunscripción
nacional y en las circunscripciones departamentales y regiones autónomas
6.3. Relaciones exteriores y política económica
7. Reforma constitucional
7.1. La reforma constitucional realizada
7.2. La reforma constitucional futurible
8. Conclusiones
* Profesor titular de derecho constitucional. Catedrático “Jean Monnet” de derecho constitucional
europeo, Universidad Complutense de Madrid.
120
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1. I
NTRODUCCIÓN
Hoy hay dos proyectos claros para la Latinoamérica constitucional y po-
lítica: la representada por la “revolución constitucional” y la continuista
que se encuentra posicionada frente a ella hasta el punto de demonizarla.
La “revolución constitucional” entiende que los males que acucian a Lati-
noamérica, como endémicos y estructurales, solamente podrían resolverse
a través de un proceso de cambio radical: que se aparte nítidamente de
la alternancia de los partidos e intereses tradicionales y que se apoye en
una reforma constitucional e institucional que pase del alfa al omega: que
constitucionalice y/o sitúe al débil, mayoritario y marginado histórico y
presente, a la sazón, como soberano y horizonte del cambio. En casi todos
los países hay fuerzas políticas que asumen este proyecto y, en un número
considerable, más que nunca en la historia, dichas fuerzas asumen o han
estado cerca —con o sin fraude electoral— de alcanzar el poder.
En la realidad, con influencia de esas dos visiones, se puede dividir
Latinoamérica en dos bloques. De un lado, aquel en el que no se ha pro-
ducido cambio político real y se ha profundizado la línea política existente
(Perú con Alan García o México con Felipe Calderón); aquel otro en el que
simplemente se ha producido alternancia política formal que, si bien apa-
rentemente importante en términos ideológicos, mantiene la marea estruc-
tural de poderes e intereses, y adjetivalmente postula un giro social (Brasil
RESUMEN
El presente trabajo estudia el cambio po-
lítico y la reforma constitucional —pasada
y prevista— de Nicaragua en el contexto
de polarización de proyectos que vive La-
tinoamérica: el representado por la “re-
volución constitucional” y el continuista.
Dicho estudio apunta, en su introducción,
las variables esenciales que juegan a fa-
vor y en contra del cambio político en
Latinoamérica; posteriormente describe
el proceso de cambio —previo, durante y
tras las elecciones—; finalmente concluye
extrayendo las variables comunes de las
específicas de Nicaragua.
ABSTRACT
The present work studies the political
change and the constitutional reformation
—passing and foreseen— of Nicaragua in
the context of polarization of projects that
Latin America lives: the represented one for
the “constitutional revolution” and the rep-
resented one for the continuity. This study
points, in its introduction, the essential
variables that play to favor and against the
political change in Latin America; later on it
describes the process of change —previous,
during and after the elections—; finally it
concludes extracting the variable comune-
ses of the specific ones of Nicaragua.
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con Lula, Uruguay con Tabaré, o Chile, con Lagos o Bachelet); aquel otro
también donde
formalmente no se produjo una alternancia partitocrática
pero,
de facto
, se han realizado políticas y posicionamientos que suponen
un cambio mayor que el de los bloques precedentes (la Argentina de Kirs-
chner); por último, aquel nutrido por países que han iniciado un proceso
de “revolución constitucional”, en los que claramente se encuentran, por
orden alfabético, Bolivia, Ecuador y Venezuela.
No es necesario ser un experto en Latinoamérica para saber que los
intereses políticos y económicos de siempre quieren que las cosas sigan
como siempre. Para conseguir tal fin, las armas son las de siempre. En-
tre ellas destacan, en los últimos tiempos, dos: la “neutralización” de los
partidos revolucionarios de izquierda históricos y la sofisticación de la
(des)legitimación electoral.
La “neutralización” de los partidos revolucionarios de izquierda histó-
ricos es la forma más eficaz para amortiguar la incesante rebelión de los
pueblos latinoamericanos. La revolución constitucional, como hemos di-
cho, aunque no se garantice con ello, debe pasar, en buena medida, por la
no contaminación del proceso por los partidos de gobierno tradicionales,
títeres de la alternancia del cambio formal para que todo siga igual. La no
contaminación y éxito del proceso se desenvuelve mejor con los procesos
de ruptura radical con el sistema de partidos/intereses tradicionales, como
ha ocurrido en Venezuela, Ecuador y, con algunos matices, en Bolivia. Lo
mismo habría ocurrido en Perú, aunque entiendo que no en México con el
PRD
de López Obrador en aquel momento histórico; cuestión distinta sería
en el futuro, después de la radicalización que ha sufrido el partido, y su
líder, tras el engaño estadunidense y el fraude electoral.
Estos movimientos alternativos enérgicos no han crecido donde la al-
ternancia nunca se produjo o mantenía visos de ser real, estoy pensando
en el
PT
de Lula y el Frente Sandinista de Daniel Ortega. Como sobre este
segundo versa el artículo, me pronuncio aquí solamente sobre el primero.
En mi opinión personal, el fraude histórico a la alternancia que han sig-
nificado el
PT
brasileño y Lula da Silva debe interpretarse sustantivamente
por la neutralización de su energía transformadora en el largo y sinuoso
camino hacia el poder: las connivencias con el poder tradicional, político y
económico, en poderes públicos estatales y locales; las transas con grupos
económicos del propio proyecto Lula en cada proceso electoral perdido; la
flexibilización de los principios en el viaje al vivero de votos del centro; y
el propio desgaste interno del
PT
por ser la eterna alternativa.
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Sin entrar en profundidades que nos alejen del tema central, el resul-
tado es que la ilusión del cambio por llegar que significaba el
PT
, que pese
a todo se mantuvo hasta en los miembros críticos que aguantaron hasta
ver las acciones del gobierno y ahí formaron el
PSOL
, va a provocar que se
pierdan cuando menos tres mandatos de esperanza (dos de Lula y el del
retorno a la alternancia). A ello se añade que dichos años, por la coinci-
dencia con otros procesos, serán irrepetibles.
Respecto a la segunda cuestión, hablo de (des)legitimación electoral,
pues el proceso por el cual se intenta impedir el acceso al poder de mo-
vimientos no deseados es una combinación que, junto a la plétora de
mecanismos de fraude electoral, se acompasa, por delante y por detrás del
momento electoral, con el proceso de (des)legitimación electoral que se
articula esencialmente a través de la observación electoral y la tergiver-
sación mediática.
1
Hay serias dudas de que los presidentes electos en México y Perú sean
los que ganaron las elecciones, como pasó en los Estados Unidos en el
primer mandato de George W. Bush. Los datos y la convicción de fraude
llevaron al líder del proyecto del cambio, Andrés Manuel López Obrador,
y a los partidos de su coalición, particularmente al suyo, el
PRD
, a una es-
trategia que anteponía la legitimad a la legalidad formal y el engaño. Si
México y Perú hubiesen caído del lado democrático, ¿dónde estaríamos?
Todo lo dicho aquí pone de manifiesto que el cambio político real ne-
cesario en Latinoamérica no pasa por la alternancia, sino por la revolución
constitucional, y que ésta pasa por las elecciones y, previamente, por el
agotamiento hasta el tuétano de la alternancia tradicional.
Nicaragua es un escenario en el que se ven todas las piezas del
puzzle
.
Hemos tenido unas elecciones, seguidas de una reforma constitucional e
institucional, en las que resultó vencedor el Frente Sandinista, de Daniel
Ortega, que mantenía visos de ser una alternativa real y, en consecuencia,
activó las alarmas reaccionarias. El presente artículo pretende analizar este
teatro de operaciones y ver qué enseñanzas pueden extraerse de cara a la
reflexión general que da cuerpo a esta introducción.
Las elecciones presidenciales y legislativas se celebraron el 5 de no-
viembre de 2006 en la República de Nicaragua. En ellas se elegían presi-
dente y vicepresidente del gobierno, diputados a la Asamblea Nacional y
1
Para mayor detalle sobre esta cuestión, Cfr. J. M. Martínez Sierra, “La gobernabilidad democrática
entre el constitucionalismo y la politología”,
Memoria del Seminario Internacional “Gobernabilidad
Democrática
, Ed. Gobierno de Oaxaca, México, 2007, pp. 85-108.
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diputados al Parlamento Centroamericano. De estas votaciones, la elección
del presidente era la que
a priori
resultaba más relevante, dado el corte
presidencialista del sistema político nicaragüense; sin embargo, la reforma
constitucional, que determinó entre otros una rebaja en el porcentaje de
votos necesario para alcanzar la presidencia, confirió una importancia
sobrevenida a la composición de la Asamblea Nacional, al convertir el
sistema político en semiparlamentario/semipresidencialista, como expli-
caremos a lo largo de este texto.
El presente artículo, en primer lugar, pone en contexto el proceso elec-
toral del 5 de noviembre de 2006. Esta contextualización se hace a través
de una exposición de la realidad sociopolítica, del marco legal en el que
se desenvuelve, del sistema electoral que se aplica y del funcionamiento
de la administración electoral. A continuación se procede a la descripción
del panorama electoral previo a la celebración de las elecciones, desta-
cando los hechos más controvertidos que sucedieron en el transcurso de
la campaña: la ruptura del silencio electoral en determinados medios de
comunicación nicaragüenses y la injerencia de los Estados Unidos en el
proceso electoral. En tercer lugar se procede a la valoración de la jornada
electoral y se revisa la labor desempeñada y los informes emitidos por
organismos nacionales e internacionales que desplegaron observadores.
Seguidamente se exponen los resultados finales, que otorgaron la presi-
dencia de la República en primera vuelta a Daniel Ortega, líder del partido
sandinista (
FSLN
), y se efectúa un análisis de dichos resultados. Por último,
con carácter previo a las conclusiones finales, se aborda la cuestión de la
reforma constitucional, tanto la realizada con carácter previo al proceso
como la que se ha venido apuntando en los primeros meses del gobierno
sandinista.
2. E
L
CONTEXTO
DEL
PROCESO
ELECTORAL
DEL
5
DE
NOVIEMBRE
DE
2006
2.1. R
EALIDAD
SOCIOPOLÍTICA
Nicaragua es uno de los países menos poblados del continente americano,
con una densidad demográfica de apenas 43 habitantes por km
2
, que se
concentran principalmente en la mitad occidental del país y se reparten
casi por igual entre las zonas urbanas (57%) y las rurales (43%). El 77%
de los nicaragüenses son mestizos, un 6% blancos, un 9% negros, y son
indígenas el 8% restante. Su población, según el censo de 2005, asciende
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a 5,142,098 habitantes. De ellos, componían el padrón de votantes para las
elecciones del 5 de noviembre un total de 3,665,141 (ver tabla 1), de los
cuales, como se muestra en la mencionada tabla, finalmente acudieron a
las urnas 2,244,215 votantes, lo que supone una participación del 61.23%.
Administrativamente, el territorio de Nicaragua está dividido en quince
departamentos y dos regiones autónomas (ver tabla 1), con un total de
153 municipios en el nivel de la administración local. Managua es la ca-
pital administrativa del país, y también la ciudad donde se concentra casi
el 20% del total de la población (según el censo de 2006, la población de
Managua asciende a 937,489 habitantes). Otras ciudades importantes son
León, Masaya, Matagalpa y Granada.
T
ABLA
1: Población electoral
Departamento
Centros
JRV
Padrón electoral
Votos*
Boaco
190
358
108387
57089
Carazo
144
368
121084
76031
Chinandega
345
886
286380
174259
Chontales
196
386
117404
74383
Estela
210
491
150017
102575
Granada
144
392
127585
81855
Jinotega
280
648
204172
133704
León
369
885
275522
165019
Madriz
135
284
89337
68003
Managua
605
2665
947337
605041
Masaya
154
587
202968
135815
Matagalpa
440
991
307970
186622
Nueva Segovia
194
434
136655
85470
RAAN
298
589
181435
77088
RAAS
349
694
213551
103577
Río San Juan
79
212
68948
39799
Rivas
164
404
126389
77885
Total
4296
11274
3665141
2244215
* Tipo de elección: Presidente y vicepresidente; última actualización: 7 de noviembre de 2006.
Fuente: Consejo Supremo Electoral de Nicaragua (www.cse.gob.ni/).
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2.2. M
ARCO
JURÍDICO
DEL
PROCESO
ELECTORAL
Las tres normas principales de aplicación son:
— La Constitución Política de la República de Nicaragua
de 1987, con sus
sucesivas reformas.
2
La Ley Electoral
, Ley No. 331, de 19 de enero de 2000.
La Ley de Identificación Ciudadana,
Ley No. 152, de 5 de marzo de
1993.
Además de las tres grandes normas precitadas, hay toda una serie de
normas y disposiciones de rango infralegal, así como protocolos de actua-
ción, que terminan de conformar el marco jurídico de las elecciones del 5
de noviembre, a saber: la Normativa de Impugnaciones, el Reglamento de
Ética Electoral, las Normativas de Fiscales y de Representantes de Partidos,
las Normas para la Administración del Financiamiento, Normas de Proce-
dimiento sobre Peticiones, Quejas, Denuncias durante Campaña Electoral
2006, el Reglamento de Observación, el Calendario Electoral para Elec-
ciones Nacionales 2006, la Convocatoria a Elecciones Nacionales 2006, y,
por último, cabe citar la jrv, que es el documento que utilizaron el día de
las elecciones los miembros de las Juntas Receptoras de Voto, es decir, el
equivalente a las mesas electorales.
2.3. S
ISTEMA
ELECTORAL
3
En las elecciones del 5 de noviembre de 2006 los nicaragüenses estaban
convocados a elegir presidente y vicepresidente de la República, 90 dipu-
tados (20 nacionales y 70 departamentales) y 20 diputados del Parlacén
(Parlamento Centroamericano www.parlacen.org.gt/).
a) La elección de presidente y vicepresidente se realiza con elección
directa, por sistema uninominal mayoritario a doble vuelta y con circuns-
cripción nacional. La Constitución, tras la reforma llevada a cabo en el año
2000, estipula que es necesario obtener un mínimo del 35% de votos, siem-
2
Como se analiza posteriormente, es especialmente relevante la reforma constitucional realizada por
Ley No. 330, de 19 de enero de 2000, de Reforma parcial a la Constitución Política de la Republica de
Nicaragua. Su importancia reside en que, entre otras modificaciones, teniendo especial relevancia en
lo aquí analizado, dicha reforma altera a la baja el porcentaje de votos necesario para alzarse con la
presidencia de la República.
3
Para una visión comparada del mismo, ver J. M. Martínez Sierra, “Los sistemas electorales desde una
perspectiva comparada”,
IUS
, Revista del Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla, No. 18, 2007, pp.
20-38.
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pre que se supere en un 5% al segundo candidato más votado, o en todo
caso si se obtiene el 40%.
4
En el supuesto de no alcanzar estos porcentajes,
está prevista la realización de una segunda vuelta en un plazo de 45 días;
en ella pueden concurrir únicamente las dos candidaturas más votadas.
En esta segunda vuelta rige la mayoría simple estricta: resultará elegido
el que obtenga mayor número de votos con independencia el porcentaje
alcanzado y la diferencia de votos respecto del segundo candidato.
b) En cuanto a la elección de diputados a la Asamblea Nacional, el
reparto de escaños entre las fuerzas políticas se hace de acuerdo con el
siguiente sistema de representación proporcional:
— En cuanto a los 20 diputados de carácter nacional,
su elección se
determina mediante un sistema de representación proporcional por co-
ciente electoral nacional. Dicho cociente, según dispone la Ley Electoral
vigente
5
se determina dividiendo por 20 el número total de votos váli-
dos, dado que 20 es el número de escaños en juego en la circunscripción
nacional. Una vez hallado el cociente, se asignan a cada partido tantos
escaños como veces alcance el cociente electoral nacional. Posteriormen-
te, y dado que se utiliza un
sistema de lista cerrada,
resultan elegidos
de cada lista los primeros candidatos a diputados propietarios, con sus
correspondientes suplentes, hasta completar el número de escaños obte-
nido por la lista.
— Los escaños no repartidos se asignan por el sistema de la media ma-
yor, a saber: se ordenan de nuevo los votos obtenidos por cada partido de
mayor a menor y el siguiente escaño se asignará al partido que obtenga la
media mayor, la cual se halla dividiendo el número de votos válidos obte-
nidos por cada partido entre el número de escaños obtenidos a través de la
operación del cociente más uno. Esta operación se repetirá sucesivamente
hasta que se complete el número total de escaños.
— Los 20 diputados departamentales se reparten territorialmente del
modo que se recoge en la tabla 2 entre las quince provincias y las dos re-
giones autónomas (la Región Autónoma del Atlántico Norte,
RAAN
, y la del
Atlántico Sur,
RASS
) que componen el mapa político de Nicaragua:
4
Art. 147, primer párrafo.
5
Art. 146 de la Ley Electoral, Ley No. 331 de 19 de enero de 2000.
127
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T
ABLA
2: Reparto de diputados por departamentos
Departamento
Diputados
Departamento
Diputados
Boaco
2
Managua
19
Carazo
3
Masaya
4
Chinandega
6
Matagalpa
6
Chontales
3
Nueva Segovia
2
Estela
3
RAAN
3
Granada
3
RAAS
2
Jinotega
3
Río San Juan
1
León
6
Rivas
2
Madriz
2
Total
70
Fuente: Elaboración propia.
La asignación de escaños por circunscripción departamental sigue la
misma fórmula del cociente electoral, pero aquí en relación con los dipu-
tados a elegir en el nivel departamental y regional. Por lo tanto, el cociente
electoral en este caso será el derivado de dividir el total de los votos váli-
dos emitidos en el departamento o la región autónoma entre el número de
escaños que le corresponden (ver tabla 2).
En la circunscripción donde se elige sólo a un diputado (Río San Juan),
si ningún partido o alianza alcanza el cociente electoral, el escaño dis-
putado corresponde al que obtuvo la mayoría de los votos válidos en
la circunscripción. En el mismo caso, si dos o más partidos empatan en
número de votos, le corresponde el escaño al partido más votado a nivel
nacional.
En las circunscripciones en donde se eligen dos diputados (Boaco, Ma-
driz, Nueva Segovia, Rivas y
RAAS
) y ningún partido o alianza alcanza el
cociente electoral, se le otorgarán los escaños a las dos listas más votadas,
un diputado para cada partido. En caso de que uno de los candidatos hu-
biera completado un cociente electoral y obtuviera un diputado, el otro
escaño se le otorgará al partido que obtuvo la siguiente mayor votación.
Igual ocurre en el caso de los diputados por circunscripción nacional:
se declaran electos los primeros de la lista, hasta alcanzar el número de
escaños obtenidos por cada partido, y los escaños que falten se distribuyen
a los que resulten con la media mayor.
128
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c) Los 20 diputados ante el Parlamento Centroamericano
se eligen por
circunscripción nacional en la misma fecha de la primera vuelta de las
elecciones del presidente y vicepresidente de la República, y el reparto de
escaños entre partidos sigue el mismo mecanismo que el utilizado para los
diputados de carácter nacional, según disponen los artículos 150 y 151 de
la Ley Electoral.
2.4. P
ODER
ELECTORAL
Está integrado por el Consejo Supremo Electoral (
CS
e) (Www.cse.gob.ni/)
y los demás organismos electorales subordinados (Art. 169, Constitución),
es decir, los consejos electorales descentralizados a nivel departamental o
regional y local, y las Juntas Receptoras de Votos (
JRV
).
— Consejo Supremo Electoral:
El
CSE
está compuesto por “siete Magistrados propietarios y tres Magis-
trados suplentes, elegidos por la Asamblea Nacional de listas separadas
propuestas por el presidente de la República y por los diputados de la
Asamblea Nacional, en consulta con las Asociaciones Civiles pertinen-
tes” (Art. 6, Ley Electoral). Resultado de los pactos entre fuerzas políticas,
la composición actual del
CSE
es de cuatro miembros propuestos por los
liberales: el presidente Roberto Rivas y los magistrados Luis Benavides,
René Herrera y José Marenco; y los otros tres magistrados propietarios,
propuestos por el
FSLN
: el vicepresidente del
CSE
Emmet Lang, y los magis-
trados José Luis Villavicencio y José Miguel Córdoba. Estos magistrados
son elegidos por un periodo de cinco años, pudiendo ser reelegidos, como
ha sucedido tanto en el caso de los tres magistrados sandinistas como en
el del propio Rivas, presidente del
CSE
.
6
6
Según el Art. 173 de la Constitución de la República de Nicaragua, al
CSE
le corresponden las siguientes
atribuciones:
1. Organizar y dirigir las elecciones, plebiscitos o referendos que se convoquen de acuerdo con lo esta-
blecido en la Constitución y en la ley.
2. Nombrar a los miembros de los demás organismos electorales de acuerdo con la Ley Electoral.
3. Elaborar el calendario electoral.
4. Aplicar las disposiciones constitucionales y legales referentes al proceso electoral. Asimismo velar sobre
el cumplimiento de dichas disposiciones por los candidatos que participen en las elecciones generales
y municipales. En el caso de las elecciones municipales, para ser electo Alcalde, Vice-Alcalde y Concejal
requiere haber residido o trabajado en forma continuada en el país los cuatro años anteriores a la elec-
ción, salvo que cumpliere Misiones Diplomáticas o estudio en el extranjero. Además, se requiere haber
residido en forma continuada los dos últimos años en el municipio por el cual se pretende salir electo.
5. Conocer y resolver en última instancia de las resoluciones que dicten los organismos electorales su-
bordinados y de las reclamaciones e impugnaciones que presenten los partidos políticos.
6. Dictar de conformidad con la ley de la materia, las medidas pertinentes para que los procesos elec-
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— Consejos electorales descentralizados en los distintos niveles admi-
nistrativos:
En primer lugar, existen quince Consejos Electorales Departamentales
(
CED
), uno en cada uno de los quince departamentos de la República. El
equivalente en cada una de las dos regiones autónomas (la Región Autó-
noma del Atlántico Norte y para la Región Autónoma del Atlántico Sur)
son los Consejos Electorales Regionales (
CER
). Por último, en cada uno de
los 153 municipios del país existe un Consejo Electoral Municipal (
CEM
).
— Juntas Receptoras de Votos:
Son el equivalente a las mesas electorales. La Ley Electoral en su Art. 32
dispone que deben establecerse en número suficiente en cada municipio y
que podrán votar en cada
JRV
como máximo 400 electores. De igual forma,
el citado artículo de la Ley Electoral dispone que las
JRV
se instalarán, con
carácter general, en centros escolares, casas comunales y edificios públi-
cos. Asimismo, y en cuanto a las condiciones de estas mesas en las que los
ciudadanos ejercitan su derecho al sufragio, el Consejo Supremo Electoral
debe garantizar en cada
JRV
al menos dos recintos de votación, es decir,
dos cabinas que garanticen el voto secreto, siempre que las condiciones
del lugar lo permitan.
En cuanto a la composición de las mesas, estarán integradas por un
presidente y tres miembros, con sus respectivos suplentes (Art. 24, Ley
Electoral), todos ellos nombrados por el correspondiente Consejo Electoral
Municipal (Art. 25, Ley Electoral). Resulta llamativo que la designación de
los miembros de las
JRV
, según el procedimiento descrito en el Art. 16 de la
torales se desarrollen en condiciones de plena garantía.
7. Demandar de los organismos correspondientes, condiciones de seguridad para los partidos políticos
participantes en las elecciones.
8. Efectuar el escrutinio definitivo de los sufragios emitidos en las elecciones, plebiscitos y referendos,
y hacer la declaratoria definitiva de los resultados.
9. Dictar su propio reglamento.
10. Organizar bajo su dependencia el Registro Central del Estado Civil de las Personas, la cedulación
ciudadana y el padrón electoral.
11. Otorgar la personalidad jurídica como partidos políticos, a las agrupaciones que cumplan los requi-
sitos establecidos en la ley.
12. Cancelar la personalidad jurídica de los partidos políticos que no obtengan al menos un cuatro por
ciento del total de votos válidos en las elecciones de autoridades generales, y cancelar o suspender la
misma en los otros casos que regula la ley de la materia.
13. Vigilar y resolver los conflictos sobre la legitimidad de los representantes y directivos de los partidos
políticos y sobre el cumplimiento de disposiciones legales que se refieran a los partidos políticos, sus
estatutos y reglamentos.
14. Las demás que le confieran la Constitución y las leyes.
De las resoluciones del Consejo Supremo en materia electoral no habrá recurso alguno, ordinario ni
extraordinario.
130
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Ley Electoral, corresponde a los partidos políticos en el siguiente sentido:
el presidente, el primer miembro y los suplentes de ambos se nombran
alternativamente de entre los partidos políticos que hubiesen obtenido el
primero y segundo lugar en las últimas elecciones generales que se hayan
celebrado, con base en ternas presentadas por dichos partidos. Estos par-
tidos son el Partido Liberal Constitucionalista (
PLC
) y el Frente Sandinista
de Liberación Nacional (
FSLN
). La Ley electoral no especifica cómo se deben
repartir las posiciones del segundo miembro de las
JRV
entre los demás par-
tidos, y sólo establece que se tomará en cuenta el pluralismo político.
El número de Juntas Receptoras de Votos en las elecciones del 5 de noviem-
bre ascendió a 11,274, ubicadas en 4,296 Centros de Votación (ver
tabla 1).
2.5. E
L
PROCEDIMIENTO
DE
ESCRUTINIO
El escrutinio se centraliza por el Centro Nacional de Cómputos (
CNC
) del
Consejo Supremo Electoral, según dispone el Art. 188 de la Ley Electoral.
Los presidentes de cada uno de los 153 Consejos Municipales Electora-
les son los únicos autorizados para la transmisión al
CNC
de las actas de
votación expedidas por las respectivas Juntas Receptoras de Votos. Esta
transmisión se realiza alternativamente a través de tres vías: intranet, red
pública de fax y satélite.
Los datos de las actas llegan como imágenes al servidor del área de
transmisión del
CNC
, servidor que se administra por la empresa de telefonía
del país, que es privada y española (Telefónica). Ese proceso de volcado de
datos es vigilado en todo momento por funcionarios del
CSE
y por fiscales
de los distintos partidos políticos. Desde ese servidor privado, los datos son
trasladados a otro servidor, que esta vez es público, del
CSE
, siendo archi-
vados como un back-up los datos inicialmente recibidos de la operadora
privada, para eventuales controles posteriores.
El área de cómputo del
CNC
está integrada por cuatro departamentos:
— En el departamento de recepción es donde se incorporan todos los
datos: boletas (papeletas) entregadas, las no utilizadas, las utilizadas, votos
nulos, votos válidos, etc. El
software
empleado realiza un chequeo conti-
nuo de todas las sumas, de modo que, si existen inconsistencias aritméti-
cas, las detecta y las comunica. Los funcionarios del
CNC
revisan las sumas
y analizan la inconsistencia, de modo que si el error no es imputable a los
sistemas del
CNC
, sino que procede de la propia
JRV
, no se corrige, sino que
se comunica a los fiscales.
131
I U S 2 1
|
P R I M A V E R A
2 0 0 8
— El departamento de verificación realiza una nueva captura de datos
totalmente independiente, en cuyo proceso se lleva a cabo una verifi-
cación paralela: si los datos no coinciden con los de la primera captura,
el programa avisa, sin precisar dónde está el error (para evitar correc-
ciones
ad hoc
); se chequean de nuevo los datos para determinar si la
incongruencia se debe a un error en este paso del proceso, en cuyo caso
se corrige, o, en caso contrario, los datos se pasan al departamento de
control de calidad.
— Normalmente no se acude a este paso de control de calidad, sino sólo
cuando se han detectado incongruencias entre los datos capturados en los
pasos primero y segundo. Por ejemplo, un error típico podría ser que el
software
detectara en el proceso de verificación que en una
JRV
han votado
más de 400 electores, mientras que en el proceso de recepción el recuento
de electores de esa junta no superase el máximo legal. Una vez en el de-
partamento de control de la calidad, si de las comprobaciones practicadas
resultase que los datos cuadran, entonces ya estarían listos para su archivo
y para ser comunicados a los fiscales. En ningún proceso electoral anterior
ha sucedido que haya persistido la incongruencia sin que el departamento
de control de calidad haya podido determinar qué captura de datos, la
primera o la segunda, era la acertada.
— Por último, se produce la fase de archivo
de los datos escrutados. Es
muy importante destacar que, además de este archivo definitivo, en cada
uno de los pasos que siguen los datos desde su recepción se hace un nuevo
registro, una copia, es decir, no se destruyen por solapamiento los datos
de las fases anteriores a lo largo del proceso. Por otra parte, estos archivos
sucesivos posibilitan que se pueda seguir el
iter
completo de cada acta,
paso a paso, sabiendo qué operador manejó los datos en cada momento,
de manera que el proceso es transparente y los datos están preparados para
cualquier auditoría.
En relación con la comunicación de los datos capturados a los fiscales,
éstos reciben las actas una vez escrutadas en tiempo casi real: con un
minuto de diferencia. Los fiscales tienen la llamada “opción histórica”: el
sistema, cada media hora, saca una imagen de los datos, de modo que no
se pueden modificar estos datos así fotografiados. Esto significa que un
fiscal puede checar cómo estaba el acta a las 7:00, a las 7:30, a las 8:00 y
así sucesivamente. Además, a los fiscales periódicamente se les entrega un
dossier
con datos agregados por municipios, por departamentos y a nivel
nacional.
132
R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S
3. E
L
MOMENTO
PREELECTORAL
3.1. C
ANDIDATURAS
Y
CAMPAÑA
ELECTORAL
Con carácter previo hay que apuntar que los partidos que tenían represen-
tación parlamentaria en la Asamblea Nacional en las elecciones anteriores
fueron: el Partido Liberal Constitucionalista, con 41 diputados, el Frente
Sandinista de Liberación Nacional, con 39 diputados, Alianza Liberal Ni-
caragüense (
ALN
), con nueve escaños, y Alternativa por el Cambio (
AC
), con
un diputado.
A estas elecciones de 2006 se presentaron cinco partidos políticos: los
cuatro mencionados anteriormente, es decir:
PLC
,
FSLN
,
ALN
y
AC
, más un
nuevo partido, resultado de una escisión del Frente Sandinista: el Mo-
vimiento de Renovación Sandinista (
MRS
). Los candidatos a presidente y
vicepresidente de la República presentados a las presidenciales por cada
uno de estos partidos eran los que se muestran en la tabla 3:
T
ABLA
3: Candidaturas a presidente y vicepresidente de la República
Partido
Presidente
Vicepresidente
PLC
José Rizo
José Antonio Alvarado
FSLN
Daniel Ortega
Jaime Morales Carazo
ALN
Eduardo Montealegre
Fabricio Octavio Cajina
AC
Edén Pastora
Mercedes Tenorio
MRS
Edmundo Jarquín
Carlos Mejía Godoy
La campaña electoral estuvo presidida por la estrategia del miedo orques-
tada por los oponentes al
FSLN
. Los recuerdos de la guerra que se llevó
a cabo durante el régimen sandinista entre 1979-1990, y de los 50,000
jóvenes que murieron en ese periodo de defensa de la Revolución, fue el
lema principal de la
ALN
de Montealegre. Esta orientación fue respaldada
masivamente por los medios de comunicación, que no paraban de proyec-
tar imágenes de mujeres llorando la muerte de sus hijos en el campo de
batalla contra unidades militares del ejército constituido y abastecido por
los Estados Unidos.
133
I U S 2 1
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P R I M A V E R A
2 0 0 8
En mi calidad de observador electoral, pude constatar el ambiente de
intoxicación desinformativa que se vivía en los medios en los días anterio-
res a las elecciones. Como comentaremos enseguida, el respeto del silencio
electoral impide que los partidos en lid acudan a los medios de comuni-
cación en los tres días previos a la votación; sin embargo, y además de
otras vulneraciones más flagrantes, las televisiones y las emisoras de radio
recibían sospechosamente continuas llamadas de espectadores que repe-
tían una y otra vez las mismas consignas, del tipo: “la victoria del Frente
supondría otra vez el servicio militar obligatorio”, “se llevarán a nuestros
hijos a combatir a Irak”, “los Estados Unidos y toda la comunidad inter-
nacional nos darán las espalda”, “los inversores internacionales huirán de
Nicaragua y la economía se desplomará”, etcétera.
Ortega, que gobernó el país entre 1979 y 1990, primero como miembro
de una junta revolucionaria tras el derrocamiento de la dictadura somo-
cista, y luego como presidente elegido democráticamente en 1985, disputa
por tercera vez la presidencia desde 1990, cuando fue derrotado por Violeta
Chamorro. Luego perdió en 1996 con Arnoldo Alemán, ahora condenado
a 20 años de prisión por corrupción, y en 2001 ante el actual mandatario
Enrique Bolaños. Durante el gobierno de Daniel Ortega, Washington aplicó
un embargo comercial a Nicaragua y financió a las guerrillas contrarrevo-
lucionarias, “la contra”, que intentaron derrocar por las armas al régimen
sandinista. Diez años de guerra civil dejaron más de 50,000 muertos y mi-
les de millones de dólares en pérdidas económicas. Precisamente el miedo
a la guerra y al desastre económico es lo que excitaron sus contendientes
a lo largo de toda la campaña.
Como respuesta a la estrategia de crispación y miedo protagonizada por
sus oponentes, la desarrollada por el
FSLN
, cuya jefa de campaña, Rosario
Murillo, era la esposa del candidato presidencial, fue una estrategia de
reconciliación nacional, dejando a un lado los mensajes revolucionarios
y cualquier viso de radicalidad. Como datos gráficos de lo dicho, cabe
destacar el nuevo
marketing
político del Frente, que abandonó en los sím-
bolos de campaña los tradicionales colores rojo y negro, de modo que las
camisetas, las gorras, etc., eran de color fucsia. Asimismo, la canción de la
campaña del
FSLN
era una versión en español de la canción de John Lennon
“Give peace a chance”, cuyo estribillo repetía insistentemente mensajes
de paz y reconciliación. También incluía estrofas recitadas a ritmo de
hip-hop destinadas a captar el voto de la nueva generación de jóvenes,
que no recuerdan la guerra, ni recuerdan la época que gobernó Ortega; en
134
R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S
consecuencia no eran presa fácil de la política del miedo. Hay que tener
en cuenta que, de los 5.2 millones de nicaragüenses, las tres cuartas partes
son menores de 30 años; además, aproximadamente la mitad del padrón
electoral, está integrado por personas en edades comprendidas entre los
16
7
y los 30 años, segmento poblacional desatendido por las políticas de
los gobiernos anteriores.
Pero la estética de campaña y el
marketing
electoral del Frente fueron
solamente la punta del iceberg de la reubicación de éste, en su discurso
y en posiciones políticas concretas, en su afán de sacar a los electores
del miedo y la desconfianza. La nueva estrategia asumía la necesidad de
simbolizar con transacciones reales la solidez del cambio, con ello, pre-
sumiblemente, se evitaría que la intensificación final de la campaña del
descrédito y el miedo, como en elecciones precedentes, transformara la
victoria en las encuestas en derrota en las urnas. Esta estrategia ha tenido
dos planos destacados: el económico y el religioso.
En el plano económico, el gesto más claro fue la elección de Jaime
Morales Carazo como candidato a vicepresidente, frente a la elección de
un sandinista histórico. Jaime Morales es un banquero y empresario bien
valorado por posiciones liberales, que procede del mundo financiero y
no tiene ninguna tradición sandinista. Junto con su elección se enfatizó
que, de ganar las elecciones, sería el encargado de coordinar toda el área
económica del gobierno.
Respecto a las señales al voto conservador y al
lobby
católico, destacó la
participación determinante del
FSLN
en la aprobación de la ley que elimina
el aborto terapéutico, vigente desde hace más de cien años en la legislación
nicaragüense. Dicha ley, que prohíbe el aborto bajo cualquier circunstancia
al eliminar el artículo 165 del Código Penal, fue aprobada con los votos de
todos los grupos parlamentarios excepto los de los diputados del
MRS
(parte
de la bandada del
FSLN
), por lo tanto también con los votos sandinistas.
Dicha aprobación, que se produjo el 26 de octubre, a punto de acabar la
legislatura y en plena campaña electoral, no solamente demuestra el giro
ideológico del Frente sino la estrategia electoral de concesión a los poderes
fácticos durante el periodo más sensible de la larga carrera electoral. Este
voto granjeó a Ortega el apoyo de la Iglesia, manifestado explícitamente
tanto por el cardenal Obando y Bravo, único cardenal nicaragüense de la
iglesia católica, como por el arzobispo de Managua, Leopoldo Brenes.
7
En Nicaragua se adquiere el derecho de sufragio activo al cumplir los 16 años (Art. 47 Constitución).
135
I U S 2 1
|
P R I M A V E R A
2 0 0 8
3.2. L
AS
ENCUESTAS
PREELECTORALES
T
ABLA
4: Tendencias electorales en Nicaragua 2006
(candidato a presidente)
Partidos y
coaliciones
Borge &
Asociados
4/8/06
Cid-Gallup
29/8/06
Borge &
Asociados
24/10/06
Cid-Gallup
26/10/06
Borge &
Asociados
27/10/06
Promedio
FSLN
/Ortega
31.40%
29.00%
30.00%
33.00%
34.40%
31.56%
ALN
/
Montealegre
29.10%
23.00%
22.40%
22.00%
23.40%
23.98%
PLC
/ Rizo
15.70%
14.00%
14.60%
17.00%
19.30%
16.12%
MRS
/Jarquín
15.20%
14.00%
10.10%
13.00%
10.50%
12.56%
AC
/Pastora
1.10%
1.00%
0.40%
1.00%
0.80%
0.86%
Fuente: Elaboración propia.
En la tabla 4 se muestra un esquema de los resultados de las encuestas
realizadas por dos empresas privadas, Borge y Asociados, y Cid & Gallup,
entre agosto y octubre de este año. De ellas, así como de las demás encues-
tas que se divulgaban en las jornadas previas a las elecciones, se podían
extraer como conclusiones: 1ª) que el candidato del
FSLN
lideraba indiscu-
tiblemente las encuestas de intención de voto, manteniendo en todo mo-
mento un porcentaje superior al 30% o, en todo caso, con una diferencia
de al menos 6 puntos porcentuales respecto a su oponente más próximo;
2ª) que Montealegre experimentaba una tendencia a la baja entre agosto
y octubre, en las encuestas reflejadas en la tabla 3 pasó del 29.10% en
agosto a 23.00% en octubre; 3ª) que el candidato del
PLC
, Rizo, presentaba
una tendencia irregular, pero al alza; y 4ª) que los candidatos de
AC
y
MRS
mantuvieron una tendencia a la baja.
Los resultados de estas consultoras, sin embargo, dejaban dudas en
relación con la necesidad de celebración de una segunda vuelta. La duda
se debía al alto porcentaje de indecisos, entre el 8% y el 9%, cuya deci-
sión sin duda iba a ser determinante, no tanto en el resultado en primera
vuelta como en el porcentaje de votos con que Ortega la ganaría. Por
tanto, quedaba sin resolver la determinante cuestión de saber si ganaría
en primera vuelta, si los votos de los indecisos se decantaban por él, como
136
R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S
parece que finalmente sucedió, o, por el contrario, determinar una segunda
vuelta, si esos votos se canalizaban hacia el
MRS
, en caso de que fueran
votos de castigo. Y todo ello sin valorar el posible abstencionismo elevado,
probabilidad que sin embargo no se confirmó, puesto que la participación
ciudadana fue muy elevada, superior al 61%.
En cuanto a la distribución geográfica de la intención de voto, según
la encuesta de la consultora M & R efectuada entre los días 19 y 22 de
octubre, realizada a nivel nacional con datos desagregados por zonas, los
resultados son los que se indican en la tabla 4:
T
ABLA
5: Distribución geográfica de la intención de voto
FSLN
ALN
PLC
MRS
AC
Indecisos
Zona metropolitana
28.8%
21.3%
15.2%
25.3%
0.5
8.8
Zona urbana
31.6%
26.0%
14.5%
19.0%
0.6
8.3
Zona semirrural
36.1%
26.9%
19.2%
9.1%
0.3
8.3
Zona rural
36.8%
22.9%
22.2%
8.9%
1.0
9.2
Total general
33.8%
25.4%
17.1%
14.8%
0.6
8.2
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la encuesta de M&R.
Tales resultados sugerían que: 1º) el
FSLN
tenía su mayor cuenca de votos
en las zonas metropolitana, semirrural y rural, donde supera ampliamente
al
ALN
; 2º)
ALN
tenía una buena intención de voto en la zona metropolitana;
3º) el
PLC
tenía su mayor caudal de intención de voto en el área rural, si-
tuación que quedó evidenciada en las elecciones regionales de Nicaragua,
efectuadas el 5 de marzo, donde logró 36,891 votos; el
FSLN
25,190;
YATAMA
14,938;
ALN
8,520; y
MRS
2,675 votos, entre otros participantes.
El 1 de noviembre se dieron a conocer los resultados de otra encuesta,
realizada por la
UCA
(Universidad Católica de Managua, universidad je-
suita), el
Nuevo Diario
, Canal 10 y la Cámara de Comercio de Nicaragua,
es decir, cuatro entidades con intereses distintos y sin filiaciones parti-
distas, lo que la hacía particularmente creíble para la opinión pública.
Según esta encuesta de intención de votos urbanos y semirrurales, el
Frente Sandinista resultaría ganador en primera vuelta. Los principales
sesgos de esta encuesta eran, en primer lugar, el porcentaje de indecisos,
que alcanzaba el 12%, lo cual podía inclinar la balanza a favor de cual-
quiera de los tres grandes partidos en contienda; y, en segundo lugar, por
el hecho de no medir el voto plenamente rural, donde tradicionalmente
137
I U S 2 1
|
P R I M A V E R A
2 0 0 8
el Partido Liberal Constitucionalista basa su fortaleza y podía seguir
captando votos a pesar del desgaste de cinco años de gobierno. (De he-
cho, durante los dos primeros días que siguieron a la votación, el
PLC
se
resistió a aceptar los resultados preliminares que concedían la victoria
al
FSLN
, amparándose en que los votos pendientes de recuento eran, pre-
cisamente, los de las zonas rurales, y alertando de que venía en camino
“el tsunami rojo”, refiriéndose al aluvión de votos rurales al
PLC
, partido
cuyo color es el rojo.)
3.3. L
A
VULNERACIÓN
DEL
SILENCIO
ELECTORAL
El Art. 97 de la Ley Electoral establece tres jornadas de reflexión (en la
terminología electoral de España) previas a la votación, o de silencio elec-
toral en su propia terminología. Durante el periodo de silencio electoral los
partidos deben cesar toda actividad de la campaña electoral, y también, los
medios de comunicación, deben suprimir la propaganda electoral 72 horas
antes de las elecciones, limitándose, en su labor informativa con respecto
a las votaciones, a difundir la información acerca de los procedimientos
para ejercer el derecho del sufragio.
Sin embargo, varios medios de comunicación infringieron el periodo de
silencio electoral, emitiendo canciones de campaña (Canal 4
y La Nueva
Radio Ya), tertulias de expertos en los que analistas hicieron campaña a
favor de una u otra opción política (Canal 2, Canal 8 y Canal 10), y publi-
cando artículos de opinión claramente a favor de una opción política (
La
Prensa
y
El Nuevo Diario
).
Como tendremos ocasión de reiterar más adelante, al analizar la labor
de las distintas Misiones de Observación Electoral (en adelante,
MOE
), la
infracción del silencio electoral ha sido una de las críticas más resaltadas
por los observadores, especialmente internacionales.
3.4. L
A
INJERENCIA
EXTRANJERA
Junto con la quiebra del silencio electoral, la injerencia extranjera ha sido
la segunda nota negativa que las Misiones de Observación Electoral se
manifestaron con más énfasis respecto de este proceso electoral. En efecto,
la campaña electoral, que despertó un enorme interés a nivel internacio-
nal, se vio afectada por injerencias y presiones externas, que conculcan el
principio de soberanía nacional.
138
R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S
Por una parte, el candidato de
ALN
, Montealegre, quien ha sido acusado
de estar apoyado por los Estados Unidos, donde ha vivido siempre hasta
que se afincó en Nicaragua hace siete años, denunció que Hugo Chávez
estaba inmiscuyéndose en el proceso electoral nicaragüense “usando los
recursos del petróleo para influenciar y hasta comprar la voluntad de los
nicaragüenses a favor de Daniel Ortega”, y que “Chávez está regalando el
30% de la urea (fertilizante) que consume este país en un periodo de cua-
tro meses para distribuirla y regalarla a través de alcaldías sandinistas”.
Pero lo que es indiscutible es la intervención en la campaña de funcio-
narios del Departamento de Estado y del Congreso de Estados Unidos, y
de la propia Casa Blanca que repitió en diversas ocasiones a lo largo de la
campaña un mensaje de amenaza para el caso de que ganase las elecciones
el candidato del Frente Sandinista, incluso amenazando con promover un
embargo de las remesas de los emigrantes nicaragüenses en Estados Uni-
dos si Ortega resultaba ganador.
El Departamento de Estado, a través del portavoz de Condoleezza Rice,
Sean McCormack, declaró el jueves 2 de noviembre que Estados Unidos no
trata de “influir en la opinión ni tomar posición” en las elecciones, pero
recordó que los cambios en las políticas de sus socios “se toman en cuenta”
para la asignación de ayuda exterior.
Por su parte, el embajador estadunidense en Managua, Paul Trivelli,
quien mostró a lo largo de la campaña su respaldo pleno a Montealegre,
e incluso a Jarquín, del
MRS
, en una entrevista para la
BBC
se refirió a la
posibilidad de que ganase Ortega en los siguientes términos: “Sería una
tragedia para Nicaragua si las elecciones suponen una regresión. Todos
los países de Centroamérica se verían afectados, sus avances por el libre
comercio y todos los demás avances que han hecho.”
Destacaremos, como último ejemplo, la reaparición del coronel retirado
estadunidense Oliver North, cabeza operativa del tráfico secreto de armas
a Irán implementado por el gobierno de Ronald Reagan (1981-1989) para
financiar a “la contra”
nicaragüense. North visitó el país con el objetivo
de recordar a los ex-contras contra quién debían enfocar su participación
electoral, se entrevistó personalmente con el candidato del
PLC
, José Rizo,
y declaró que el triunfo del sandinismo “sería lo peor para Nicaragua”.
139
I U S 2 1
|
P R I M A V E R A
2 0 0 8
4. L
A
JORNADA
ELECTORAL
4.1. T
RANSCURSO
DE
LA
JORNADA
ELECTORAL
La participación fue masiva y las votaciones se desarrollaron en un am-
biente de tranquilidad, sin que se registraran incidentes que pudieran in-
dicar que hubiese condicionantes o interferencias en el libre ejercicio el
derecho al sufragio activo. Se constató la presencia en todas las mesas de
fiscales de los cinco partidos que se presentaban a las elecciones; el respeto
a los procedimientos establecidos para el ejercicio correcto del sufragio; y
el respeto al secreto del voto, que se garantizó mediante cabinas portátiles
en cada
JVR
. Hay que destacar también la ayuda recibida por las personas
discapacitadas para facilitarles su derecho al voto, a través de voluntarios
en todos los centros electorales visitados. Asimismo, la tranquilidad del
proceso se veía reforzada por la presencia del llamado “policía electoral”,
que eran los encargados de la seguridad en cada una de las mesas y que
estaba compuesta igualmente por voluntarios.
Los ciudadanos nicaragüenses, como ya se ha señalado, votaban en
estas elecciones presidenciales y legislativas de 2006: presidente y vice-
presidente, para lo cual se empleaba una papeleta con una franja de color
azul; diputados en carácter nacional, a los que les correspondía una pape-
leta con franja color café; diputados por circunscripción departamental o
regional, en cuyo caso la franja era de color gris; y por último, diputados
al Parlacén (franja negra). Esta multiplicidad de papeletas, así como la afi-
nidad de colores de algunas de ellas, ralentizaba el proceso de votación.
Otro elemento que redundaba en el lento desarrollo de las votaciones
era la identificación de los electores. La comprobación de la identidad de
los electores en las Juntas Receptoras de Votos se hacía mediante padrón
fotográfico, elaborado y remitido por el
CSE
a partir de las cédulas de
identidad.
El padrón contiene: el número de la Cédula, el nombre y apellidos a
favor de quien se expide, el sexo, la dirección de su domicilio, la fecha de
expedición de la Cédula y la fecha de expiración (Art. 32, Ley Electoral).
La inscripción de un ciudadano en el padrón se realiza automáticamente
en el momento de expedición de su cédula de identidad, asignándole la
JRV
que le corresponde en función de su domicilio. En caso de cambio de
domicilio, se debe solicitar el procedimiento de reposición de la Cédula en
el Registro Civil del
CSE
, para que se le otorgue una cédula con la nueva
140
R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S
dirección. Según establece el Art. 41 de la Ley Electoral, si un votante no
encuentra su nombre en el padrón de la mesa correspondiente a su domi-
cilio habitual, pero tiene su cédula de identidad correctamente expedida
que prueba su residencia, la
JRV
es competente para autorizarle a emitir su
voto, haciéndolo constar como incidencia en el acta.
Como ya se ha señalado anteriormente, el padrón electoral definitivo
ascendía a 3,665,141 votantes, de lo cuales ejercieron su derecho el día
5
de noviembre un total de 2,224,215 nicaragüenses. En cuanto al cierre
y recuento de las papeletas, se desarrollaron sin incidentes y de forma
pacífica, aunque también muy lentamente, debido en buena medida a
la confusión que provocaban, por su similitud, los colores de las cuatro
papeletas.
La lentitud fue también la nota que marcó la presentación de los infor-
mes con los datos preliminares del escrutinio por parte del
CSE
. Así, el pri-
mer informe no tuvo lugar hasta la 1:30 de la madrugada, ya del día 6 de
noviembre (siendo la jornada el 5 de noviembre), todavía con sólo el 2.8%
de las
JRV
escrutadas. De hecho, los resultados definitivos con el 100% de
las
JRV
escrutadas no se hicieron públicos hasta el 14 de noviembre, y la
proclamación de electos por el
CSE
de los hasta entonces candidatos a la
presidencia y vicepresidencia tuvo lugar el 22 de noviembre.
4.2. L
OS
OBSERVADORES
ELECTORALES
Estas elecciones presidenciales y legislativas de Nicaragua 2006 han sido
calificadas por los medios de comunicación como las elecciones más ob-
servadas, con más de 13,000 observadores nacionales y alrededor de mil
internacionales. No es de extrañar, dado el interés que suscitaban tanto
dentro como fuera del país, debido a que las encuestas daban como gana-
dor a Daniel Ortega 16 años después, y al clima de tensión creado por los
candidatos liberales durante toda la campaña.
Respecto de la observación nacional,
es necesario destacar la movili-
zación de las fuerzas liberales y conservadoras del país en la articulación
de misiones de observación o en el apoyo legitimatorio de las existentes.
Sensu contrario
, destaca la ausencia de estrategia del Frente y de posicio-
nes progresistas en el mismo ámbito. Todo indicaba que, de producirse un
resultado ajustado, la observación nacional mayoritaria hubiera defendido
las posiciones liberales.
Desde todos los puntos de vista la organización Ética y Transparen-
141
I U S 2 1
|
P R I M A V E R A
2 0 0 8
cia (www.eyt.org.ni/) fue la misión nacional más importante. Con 11,200
observadores desplegados por todo el territorio del país, conseguía tener
prácticamente un observador en cada mesa (recordemos que en total había
11,274
JRV
, ver tabla 1). Esta organización, filial nicaragüense de Transpa-
rency International (http://www.transparency.org/), desarrolló su propio
sistema de conteo rápido, en paralelo al oficial del
CSE
, pero sin haber
remitido a este órgano las reglas y metodología del recuento que iban a
realizar. Los resultados de este escrutinio extraoficial acabaron por ser la
avanzadilla de los resultados oficiales, coincidiendo en todas las tenden-
cias con los finalmente proporcionados por el
CSE
. No es de extrañar su
grado de acierto, dada la abundancia de observadores con que contaban,
ni tampoco que su recuento fuera mucho más rápido que el oficial, al estar
exento de todos los filtros y verificaciones con que cuenta el sistema de
escrutinio realizado en el Centro Nacional de Cómputos, tal como se ha
explicado anteriormente.
Junto a Ética y Transparencia, otras organizaciones nacionales tuvieron
una presencia significativa en los comicios: el Instituto para el Desarro-
llo y la Democracia, Ipade (http://www.ipade.org.ni/), el Movimiento por
Nicaragua (http://www.mpn.org.ni/), Hagamos Democracia (http://www.
hagamosdemocracia.org/) y el Consejo Nacional de Universidades, cnu
(http://www.cnu.edu.ni/), que también realizó su propio conteo rápido
pero, a diferencia de Ética y Transparencia, sí remitió su metodología de
recuento al
CSE
; y, a pesar de ello, se abstuvo de dar resultados con carácter
previo a los oficiales tal y como requirió la autoridad electoral.
Respecto de la observación internacional, es de destacar la constatación
del cambio lento que se venía experimentando en los procesos electorales
precedentes, y que puede resumirse en una pérdida de la capacidad de
injerencia de los Estados Unidos provocada, en buena medida, por la con-
solidación de la observación electoral internacional plural. Lo cual ha sido
particularmente llamativo por la creación de una misión específica dirigida
por el gobierno de Estados Unidos desde su embajada, y el aislamiento ab-
soluto de la misma a la hora de valorar el proceso como poco confiable.
En cuanto a la Misión de Observación Electoral de la Organización de
los Estados Americanos,
OEA
(www.oas.org/), con 183 observadores des-
plegados, debe enfatizarse que fue la primera misión que reconoció la
limpieza de los resultado (11:00 horas del día 6 de noviembre), en concreto
a través del jefe de la misión, Gustavo Fernández, quien declaró que la
votación había sido “pacífica, masiva, ordenada y ajustada a la ley”. En el
142
R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S
mismo sentido, el actual presidente de la
OEA
, José Miguel Insulza, declaró
desde la reunión de la Internacional Socialista que se celebraba en las mis-
mas fechas en Santiago de Chile, que estaba satisfecho con el desarrollo
de la votación.
Es de destacar igualmente la labor realizada por la Misión de Obser-
vación Electoral de la Unión Europea (http://www.eueom-nic.org/report
es?idsubseccion=15), con 150 observadores desplegados, por su claridad
en la valoración de las elecciones y en la denuncia de la injerencia de los
Estados Unidos en el proceso electoral nicaragüense. En su primera comu-
nicación el día siguiente de las elecciones, el jefe de la misión (primera
intervención 17:30 horas del día 6 de noviembre) destacó la actitud pací-
fica del pueblo nicaragüense durante las votaciones y el formidable papel
de la sociedad civil nicaragüense, resaltando el elevado índice de parti-
cipación como indicador de su compromiso con la democracia; criticó la
falta de contenidos políticos de la campaña electoral, que estuvo llena de
descalificaciones personales; resaltó la lentitud en el suministro de datos
oficiales del escrutinio; denunció el elevado grado de politización del
CSE
a favor de los dos partidos históricos; y, como ya hemos dicho, destacó la
injerencia de actores extranjeros durante la campaña, manifestación que
llegó a concretar apuntando expresamente a los Estados Unidos.
Por último, es preciso referirse a la actuación llevada a cabo por la
Misión de Observación Electoral del Centro Carter, centro sobre el que pla-
nean ciertas sospechas de influenciabilidad estadunidense. En Nicaragua el
Centro Carter se presentó con un perfil más alto de lo habitual, incluyendo
en su delegación junto al expresidente de Estados Unidos, Jimmy Carter,
al expresidente peruano Alejandro Toledo y al expresidente de Panamá,
Nicolás Ardito Barletta. A la sazón, y como viene siendo habitual, el cuer-
po de su delegación estaba compuesto por una mayoría de miembros no
cualificados en materia electoral. El papel relevante de la misión se ma-
nifestó antes, durante y en el mismo día de las votaciones; Carter solicitó
entrevistas con todos los candidatos, pero precisamente el mismo día de
las votaciones por la mañana, con siete horas hasta el cierre de los colegios
electorales, Carter se entrevistó con el candidato liberal de la
ALN
, Mon-
tealegre, apareciendo conjuntamente en público ante todos los medios de
comunicación. En lo referente a la valoración de su actuación específica
como misión de observación, cabe resaltar que durante los días previos a
la votación no cesaron de hacer declaraciones haciendo saltar falsas alar-
mas sobre la limpieza del proceso electoral y poniendo de manifiesto su
143
I U S 2 1
|
P R I M A V E R A
2 0 0 8
preocupación ante supuestas fallas democráticas que iban a comprometer
seriamente los resultados. Finalmente, y ante las innegables condiciones
de limpieza y tranquilidad con que transcurrió la jornada electoral, el
Centro Carter en sus informes poselectorales no tendría más remedio que
declarar su conformidad con el proceso electoral y su aceptación de los
resultados (www.cartercenter.org/).
3. R
ESULTADOS
ELECTORALES
P
L
C
F
S
L
N
A
L
N
A
C
M
R
S
%
27,11
37,99
28,30
0,29
6,29
0,00
5,00
10,00
15,00
20,00
25,00
30,00
35,00
0,00
Partidos
Porcentajes
Gráfico 1: Presidente y Vicepresidente
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos oficiales del
CSE
, con el 100% de las Juntas Recep-
toras de Votos escrutadas, 27/11/06.
144
R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos oficiales del
CSE
, con un 100% de las Juntas Receptoras
de Votos escrutadas (últimos datos proporcionados en el website del
CSE
, 27/11/06).
P
L
C
F
S
L
N
A
L
N
A
C
M
R
S
%
26,46
37,90
26,66
0,55
8,42
0,00
5,00
10,00
15,00
20,00
25,00
30,00
35,00
0,00
Partidos
Porcentajes
Gráfico 3: Diputados Departamentales
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos oficiales del
CSE
, con un 100% de las Juntas Recepto-
ras de Votos escrutadas (últimos datos proporcionados en el website del
CSE
, 27/11/06).
P
L
C
F
S
L
N
A
L
N
A
C
M
R
S
%
26,47
37,59
26,72
0,54
8,69
0,00
5,00
10,00
15,00
20,00
25,00
30,00
35,00
40,00
Partidos
Porcentajes
Gráfico 2: Diputados Nacionales
145
I U S 2 1
|
P R I M A V E R A
2 0 0 8
Gráfico 4: Distribución de escaños
2 6
3 8
2 3
0
5
PLC
(25+1)
FSLN (38)
ALN (22+1)
MRS (5)
Fuente: Elaboración propia a partir de las informaciones del
CSE
, con el 100% de las
JRV
escrutadas.
P
L
C
F
S
L
N
A
L
N
A
C
M
R
S
%
26,51
37,70
26,87
0,58
8,35
0,00
5,00
10,00
15,00
20,00
25,00
30,00
35,00
40,00
P artido s
P o rc entajes
Gráfico 5: Diputados Parlamento Centroamericano
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos oficiales del
CSE
, con un 100% de las Juntas Receptoras
de Votos escrutadas (últimos datos proporcionados en el website del
CSE
, 27/11/06).
146
R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S
6. I
NTERPRETACIÓN
DE
LOS
RESULTADOS
ELECTORALES
6.1. E
LECCIONES
A
LA
PRESIDENCIA
Y
VICEPRESIDENCIA
DE
LA
R
EPÚBLICA
Para una mejor comprensión de las elecciones a la Presidencia y Vice-
presidencia de la República, debemos considerar al pacto constitucional
realizado en el año 2000 entre el entonces presidente, Arnoldo Alemán,
del Partido Liberal Constitucional y el
FSLN
, por el cual distribuyeron la
presencia bipartidista en los poderes del Estado, pacto que se formalizó
mediante una reforma constitucional. Fruto de aquel pacto, entre otros, fue
la reforma de la normativa electoral, por la que un candidato presidencial
puede ganar las elecciones en una primera vuelta en dos casos: a) si obtie-
ne más del 40% de los votos; b) si consigue el 35% con una diferencia de
cinco puntos porcentuales sobre el segundo más votado.
8
Como se observa en el gráfico 1, el expresidente y candidato del Fren-
te Sandinista de Liberación Nacional obtuvo más del 35% de los votos
(37.99%); y su principal contrincante, Eduardo Montealegre, de la Alianza
Liberal Nicaragüense (
ALN
), menos del 30% (28.30%); en consecuencia, la
diferencia entre ambos candidatos (9.69%) fue suficiente para que el
FSLN
se alzase con la victoria en una primera vuelta.
Antes de la predicha reforma, la victoria en primera vuelta se obtenía
con el 45% de los votos. Para la mayoría mediática, en 2000 y ahora, esa
reforma estaba hecha a la medida de Ortega, quien había sido incapaz
de vencer en dos elecciones presidenciales sucesivas, perdiendo ambas a
manos de los liberales. Sin embargo, la reforma no le sirvió para ganar las
elecciones de 2001, en las que fue rotundamente derrotado por Enrique
Bolaños, del Partido Liberal Constitucional. Así, Daniel Ortega se presentó
a las elecciones de 2006 tras tres derrotas consecutivas en otras tantas
elecciones presidenciales (1990, 1996 y 2001).
A la luz de estos datos y desde la estricta perspectiva cuantitativa electoral,
el candidato del partido liberal tradicional, José Rizo, y el candidato del nuevo
partido liberal, Eduardo Montealegre obtuvieron el 55.41% (27.11% + 28.30%);
8
Constitución de Nicaragua, Art. 147: “Para ser elegidos Presidente y Vicepresidente de la República los
candidatos a tales cargos deberán obtener como mayoría relativa al menos el cuarenta por ciento de los
votos válidos, salvo el caso de aquellos que habiendo obtenido un mínimo del treinta y cinco por ciento
de los votos válidos superen a los candidatos que obtuvieron el segundo lugar por una diferencia míni-
ma de cinco puntos porcentuales. Si ninguno de los candidatos alcanzare el porcentaje para ser electo,
se realizará una segunda elección únicamente entre los candidatos que hubiesen obtenido el primero y
segundo lugar y serán electos los que obtengan el mayor número de votos.”
147
I U S 2 1
|
P R I M A V E R A
2 0 0 8
por su parte, si sumamos los votos del
FSLN
junto con los del candidato de la
escisión sandinista Edmundo Jarquín (del Movimiento Renovador Sandinista)
obtuvieron el 44.28% (37.99% + 6.29%). Sin embargo, un análisis cualitativo
de la formación de las distintas candidaturas y el desarrollo de la campaña,
imposibilita considerar que la presencia de una candidatura por segmento
ideológico hubiese sido posible; igualmente imposibilita creer que, de haberse
producido, el sumatorio hubiese sido equivalente al conseguido por separado.
Efectivamente, la escisión sandinista se produce después de que el
FSLN
y el
MRS
hubiesen concurrido conjuntamente en las dos elecciones presi-
denciales precedentes, siendo elementos consustanciales las deserciones y
expulsiones de miembros históricos del Frente, con trasvase hacia el
MRS
,
parte determinante en la opción electoral. Igualmente, ha resultado deter-
minante en la configuración del escenario electoral la estrategia determi-
nada del
MRS
durante la campaña de obtener votos exclusivamente sobre
el desgaste del Frente: apelando a la corrupción histórica y presente del
Frente en la reforma, al corrimiento desde posicionamientos tradicionales
hacia el pragmatismo electoral, así como al entendimiento con los liberales
desde la reforma de 2000.
En el lado liberal, el surgimiento del liderazgo de Montealegre ha pro-
vocado la emergencia como segunda fuerza del país de un movimiento
previamente inexistente: la Alianza Liberal Nicaragüense. Dicho candida-
to, por el que apostó decididamente Estados Unidos, consiguió entender
y capitalizar la crisis del
PLC
. Esta crisis en buena medida trae causa del
lastre de la mala gestión y corrupción de la administración de Arnol-
do Alemán (1996-2001), la cual se manifestó en su máximo esplendor
durante la legislatura anterior, llevando al propio líder a ser condenado
(actualmente cumple una condena de 20 años de prisión en régimen de
arresto domiciliario por diversos actos de corrupción y tiene abierto un
proceso en Panamá —que se encuentra en estado bastante avanzado— por
blanqueo de dinero). El estado de desaliento del
PLC
hizo que los intereses
económicos nacionales y los político-económicos estadunidenses inventa-
ran el liderazgo de Montealegre. El miedo a la alternativa del Frente entre
el voto conservador y un segmento significativo del moderado, junto con
las injerencias —estadunidenses y de poderes económicos nacionales e
internacionales— azuzando dichos miedos hicieron el resto. Es necesario
recordar, como vimos en su momento, que las injerencias estadunidenses
fueron destacadas por el jefe de la misión de observación electoral de la
Unión Europea como uno de los aspectos más negativos de la campaña.
148
R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S
Un último dato a tener en cuenta pro futuro, es la influencia de la re-
forma del sistema electoral —disminución del umbral de elección del pre-
sidente— y constitucional —disminuyendo las competencias residenciadas
en la institución— que han coadyuvado en la postulación de candidaturas
fuertes, en resultados y en presencia electoral, frente al tradicional bipar-
tidismo.
6.2. E
LECCIONES
A
DIPUTADOS
DE
LA
A
SAMBLEA
N
ACIONAL
,
EN
LA
CIRCUNSCRIPCIÓN
NACIONAL
Y
EN
LAS
CIRCUNSCRIPCIONES
DEPARTAMENTALES
Y
REGIONES
AUTÓNOMAS
Como explicación previa es necesario tener en cuenta que, de acuerdo con
el Art. 132 de la Constitución de Nicaragua, en las elecciones generales
se ponen en juego 90 escaños de los 92 que componen la Cámara de Di-
putados; de esos 90, 20 diputados se eligen en la votación a la Asamblea
Nacional y los 70 restantes en las circunscripciones departamentales y
regiones autónomas. Los otros dos escaños, según lo dispuesto en el Art.
133, pasan a ocuparlos automáticamente el expresidente del gobierno de la
legislatura inmediatamente anterior (Bolaños), y el candidato a presidente
de la República en las últimas elecciones que hubiera quedado en segundo
lugar (en el caso que nos ocupa, Montealegre, candidato por
ALN
).
9
Así, los resultados (ver gráficos 2, 3 y 4) arrojan el siguiente resultado:
FSLN
= 38;
ALN
= 23 (22 + 1 de Montealegre en su condición de candidato
posicionado en segundo lugar);
PLC
= 26 (25 + 1 de Bolaños en su condi-
ción expresidente de la República);
MRS
= 5.
La comparación de los porcentajes de voto entre todas las elecciones
disputadas son prácticamente idénticos, no superando en casi ningún caso
el medio punto porcentual. La excepción a la regla (
ALN
), tampoco resulta
significativa, ya que simplemente obtuvo más de un punto en las presiden-
ciales (28.30%) respecto a las legislativas (26.72% diputados nacionales;
9
Art.
132 El Poder Legislativo lo ejerce la Asamblea Nacional por delegación y mandato del pueblo. La
Asamblea Nacional está integrada por noventa diputados con sus respectivos suplentes elegidos por voto
universal, igual, directo, libre y secreto, mediante el sistema de representación proporcional. En carácter
nacional, de acuerdo con lo que se establezca en la Ley Electoral, se elegirán veinte diputados, y en las
circunscripciones departamentales y regiones autónomas setenta diputados.
Art. 133 También forman parte de la Asamblea Nacional como Diputados, Propietario y Suplente res-
pectivamente, el Ex Presidente de la República y Ex Vicepresidente electos por el voto popular directo
en el periodo inmediato anterior, y, como Diputados, Propietario y Suplente los candidatos a Presidente
y Vicepresidente de la República que participaron en la elección correspondiente, y hubiesen obtenido
el segundo lugar.
149
I U S 2 1
|
P R I M A V E R A
2 0 0 8
26.66% diputados departamentales). No ha habido pues, voto cruzado ni
efecto corrector: ni por la disparidad de sistema electoral, ni de composición
de la circunscripción, ni por la dispar utilidad de voto atendiendo a la con-
tienda. Lo dicho es más cierto si cabe en las elecciones a la Asamblea donde
los porcentajes a diputados nacionales y a diputados departamentales obte-
nidos por un solo partido simplemente ofrecen las diferencias centesimales
achacables a los votos anulados. La única incidencia destacable del sistema
electoral se produce entre los dos partidos liberales; así el tradicional
PLC
ha
obtenido tres escaños más que
ALN
pese a haber obtenido menos votos ésta
(22 escaños; 26.72% diputados nacionales; 26.66% diputados departamen-
tales) y
PLC
(25 escaños; 26,47% diputados nacionales; 26.46% diputados
departamentales). Dicha disparidad se debe a la combinación del sistema
electoral explicado y a la concentración de voto rural del
PLC
.
En cualquier caso, el resultado de las elecciones a diputados de la Asam-
blea Nacional, ha estado marcado por la fragmentación parlamentaria.
Este mayor fraccionamiento que en elecciones precedentes coincide con
el punto álgido en la política de alianzas y control de mayorías parlamen-
tarias, ello debido a la reforma constitucional. Efectivamente la necesidad
de establecer alianzas parlamentarias será más importante en la legislatura
entrante que en ninguna de las anteriores debido a que el 20 de enero está
prevista la entrada en vigor de la reforma constitucional, que debilita sen-
siblemente el régimen presidencialista fortaleciendo al Parlamento.
Entrando en la política de alianzas parlamentarias, es necesario recor-
dar que la mayoría simple se encuentra en 47 diputados (sobre un total
de 92 diputados), y la mayoría cualificada necesaria para las reformas de
mayor relevancia constitucional, y para la reforma de la propia Constitu-
ción, se sitúa en 56 diputados.
Llegados aquí, los resultados (ver gráficos 2, 3 y 4) posibles eran:
FSLN
= 38;
ALN
= 23 (22 + 1 de Montealegre en su condición de candidato po-
sicionado en segundo lugar);
PLC
= 26 (25 + 1 de Bolaños en su condición
de expresidente de la República);
MRS
= 5.
Las alianzas aritméticas son:
FSLN
+
MRS
= 43;
FSLN
+
PLC
= 64;
ALN
+
PLC
= 49;
FSLN
+
ALN
= 61.
El resultante de estas cifras es que Daniel Ortega necesitaba pactar
con los liberales, tanto la política legislativa como la constitucional. Por
su parte, los liberales podían marginar al Frente de la política legislativa,
gracias al debilitamiento que sufrirá el veto presidencial (vid. infra), hasta
extremos nunca conocidos.
150
R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S
El mayor impedimento para que dicha posibilidad no se lleve a cabo ra-
dica en la propia pugna por el liderazgo nacional del lado liberal, liderazgo
que, pese a sus llamadas al hermanamiento liberal, pretende Montealegre
en su condición de diputado (Rizo, del
PLC
, ni siquiera será diputado su-
plente de Bolaños, por resolución del
CSE
, por haberse postulado candidato
a presidente) y candidato más votado a las presidenciales. El Frente puede
instrumentalizar los recelos del
PLC
frente a
ALN
y a los Estados Unidos por
su cambio de apoyos, manteniendo el pacto institucional ya explicado
con el
PLC
.
6.3. R
ELACIONES
EXTERIORES
Y
POLÍTICA
ECONÓMICA
Para comprender la importancia extraordinaria de la política de alianzas
parlamentarias y las limitaciones de la victoria del Frente, junto con la
reforma constitucional, debemos considerar a las directrices básicas de la
política social y económica que están intrínsecamente con las relaciones
exteriores respecto a los dos modelos-bloques actualmente desarrollados
en Latinoamérica.
Según los informes del Banco Mundial, el 70% de los nicaragüenses
viven con menos de dos dólares al día, y el 35% está en la extrema miseria
con ingresos inferiores a un dólar. Además, el 13% de la población está en
paro, y el 27% está empleado en el sector informal.
El principal reto de Ortega y su principal compromiso electoral es aten-
der los acuciantes problemas sociales y revertir la realidad que sitúa a
Nicaragua como uno de los países más pobres del continente. En esa tarea
el vicepresidente económico del Frente, cuyo perfil y antigua adscripción
liberal ya hemos visto, considera esencial atraer la inversión privada y
generar mayores fuentes de empleo.
La primera reunión del presidente electo, tras conocerse los resultados,
fue con inversores extranjeros. El mensaje lanzado allí fue que la nueva
administración no pondrá en riesgo la participación del país en el Tratado
de Libre Comercio de América Central (
CAFTA
) con Estados Unidos, con
quien pretende tener “relaciones respetuosas”. Al mismo tiempo Ortega ha
declarado que “un elemento fundamental que tiene que ver con la política
de Estados Unidos hacia toda la región es cómo lograr que los norteameri-
canos correspondan a las decisiones que tenemos los latinoamericanos de
establecer relaciones respetuosas en el ámbito político y relaciones justas
en el plano comercial y social”. Así, formalmente, la propuesta de Ortega
151
I U S 2 1
|
P R I M A V E R A
2 0 0 8
pretende la cuadratura del círculo —habida cuenta de los últimos aconte-
cimientos en torno al Pacto Andino-Mercosur—: por un lado su deseo de
trabajar con el gobierno norteamericano y de respetar el acuerdo comercial
CAFTA
; pero al mismo tiempo reconociendo que su gobierno fortalecerá re-
laciones comerciales con países como Venezuela, Bolivia y Cuba.
7. R
EFORMA
CONSTITUCIONAL
Como hemos adelantado, para comprender la importancia extraordinaria
de la política de alianzas parlamentarias y las limitaciones de la victoria
del Frente Sandinista, debemos considerar el contenido básico de la re-
forma constitucional que tuvo lugar con carácter previo a las elecciones
analizadas. Junto con ella corresponde analizar la propuesta de reforma
constitucional que ya se da por hecho cierto pese a estar, al cierre de este
artículo, a escasos nueve meses de gobierno.
7.1. L
A
REFORMA
CONSTITUCIONAL
REALIZADA
La reforma constitucional precedente a las elecciones, esencialmente su-
puso un reforzamiento de la Asamblea. Daniel Ortega, principal promotor
de esta reforma desde la oposición, declaró de forma precipitada tras su
elección su intención de mantenerla desde el gobierno, pese a que ello
disminuya ostensiblemente sus competencias presidenciales. Con ello ha
dado un primer aldabonazo a su política de reconciliación y consenso, a la
par que ha desmentido a los medios y líderes que han venido postulando
que el
FSLN
propuso la reforma para estar en la oposición.
Entre los nuevos poderes de la Asamblea destacan:
1. “Ratificar” (Nueva redacción del Art. 138.4 de la Constitución) el
nombramiento de los ministros y viceministros de Estado y a otros al-
tos cargos: procurador y subprocurador general de la República, jefes de
misiones diplomáticas y presidentes o directores de entes autónomos y
gubernamentales. El nuevo procedimiento de nombramiento residencia
en el presidente de la República la propuesta (aunque literalmente se diga
elección), quedando en manos de la Asamblea la ratificación o veto de los
propuestos. La ratificación deberá producirse en un plazo máximo quince
días hábiles, con el voto favorable del 60% del total de diputados. De no
producirse la ratificación el presidente de la República deberá proceder
a un nuevo nombramiento dentro del plazo de 30 días hábiles, debiendo
152
R E V I S T A D E L I N S T I T U T O D E C I E N C I A S J U R Í D I C A S
someterse el nuevo nombramiento al procedimiento de ratificación ya
establecido.
2. “Elegir” (Nueva redacción Art. 138.9, Constitución) a otra serie de
altos funcionarios: a) al superintendente y vicesuperintendente general de
bancos y otras instituciones financieras; b) al fiscal general de la Repúbli-
ca, quien estará a cargo del Ministerio Público y al fiscal general adjunto
de la República, quienes deberán tener las mismas calidades que se requie-
ren para ser magistrados de la Corte Suprema de Justicia; c) los miembros
del Consejo Superior de la Contraloría General de la República; d) al pro-
curador y subprocurador para la Defensa de los Derechos Humanos; e) al
superintendente y a los intendentes de Servicios Públicos; f) al director y
al subdirector del Instituto de la Propiedad Reformada Urbana y Rural.
El nuevo procedimiento de elección residencia en el presidente de la
República y en la Asamblea, a la sazón, la propuesta, quedando en manos
de la Asamblea la ratificación o veto de los propuestos. A diferencia de los
ministros y altos cargos, la propuesta es mucho más diversa, extrayéndose
de listas separadas —una elaborada por el presidente y otra por la Asam-
blea— para cada cargo y previas consultas con la “asociaciones civiles
pertinentes”, por mayoría cualificada del 60% de la Asamblea Nacional.
3.
“Rechazar” el veto del presidente a un proyecto de ley (nuevo Art.
143, Constitución), en los siguientes términos:
A partir de la entrada en vigor de la reforma, cuando un proyecto de ley
vetado, ya sea total o parcialmente, por el presidente de la República, el veto
no paralizará la iniciativa legislativa existiendo un procedimiento que dis-
ciplina la posibilidad de reactivación del mismo. En concreto, el presidente
de la República deberá fundamentar los motivos del veto y devolverlo a la
Asamblea Nacional. Ésta podrá rechazar el veto por mayoría absoluta de
diputados, en cuyo caso el presidente de la Asamblea Nacional mandará a
publicar la ley. Cuando el veto sea parcial, éste deberá contener expresión de
motivos de cada uno de los artículos vetados. La Asamblea Nacional, con la
mitad más uno de sus miembros podrá rechazar el veto de cada artículo, en
cuyo caso el presidente de la Asamblea Nacional mandará a publicar la ley.
Es necesario recordar que estas reformas tenían la denominada “coli-
ta” (condición) sobre el consenso entre los poderes del Estado para poder
ponerlas en vigor; la misma fue declarada inconstitucional por la Corte
Suprema, en consecuencia, el 20 de enero de 2007 entró en vigor en virtud
de la Ley Marco para la Estabilidad y Gobernabilidad del País, Ley No. 558,
de 19 de octubre de 2005.
153
I U S 2 1
|
P R I M A V E R A
2 0 0 8
Junto con la reforma constitucional, entraron en vigor:
1. La Ley de la Superintendencia de Servicios Públicos, que crea una
superintendencia y cuatro intendencias: Telcor,
INE
,
INAA
y Atención de
Usuarios.
2. La ley creadora del Instituto de la Propiedad Urbana y Rural, con
facultades omnímodas para resolver en lo administrativo con carácter de
exclusividad, todos los problemas de la propiedad urbana y rural, haciendo
desaparecer la Comisión Nacional de Revisión, las facultades sobre la pro-
piedad del Ministerio de Hacienda y las facultades sobre la Procuraduría
General de Justicia en lo que se refiere a la notaría del Estado.
3. La Ley Orgánica de la Seguridad Social, que contempla la creación
de un superintendente de la Seguridad Social nombrado por listas de la
presidencia de la República y la Asamblea Nacional, y además establecer
prestaciones médicas iguales a jubilados y trabajadores activos.
7.2. L
A
REFORMA
CONSTITUCIONAL
FUTURIBLE
Como es sabido, la Asamblea Nacional de Nicaragua creó una “Comisión
especial para elaborar el anteproyecto de reformas constitucionales”, in-
tegrada por siete diputados en reparto proporcional al pleno.
10
El día 2 de
octubre de 2007, el líder de la bancada sandinista dio a conocer que su
partido prepara una iniciativa de reformas constitucionales.
Oficialmente, a la hora de cerrar este artículo, no existe todavía una
propuesta de reforma del gobierno, tampoco un posicionamiento claro
del resto de partidos pese a que también tienen sus propias comisiones
internas que elaboran sus propias propuestas de enmiendas. No obstante,
pueden identificarse los aspectos que se han ido filtrando como, cuando
menos, objeto de discusión de cara a la reforma.
11
Sin duda la cuestión de la reelección presidencial es en Nicaragua,
como en un número significado de países latinoamericanos, un tema de
la agenda de reforma, y se presenta en Nicaragua con algunos matices
respecto al debate fuera, particularmente porque se promueve en el con-
texto de la profundización en el debilitamiento de la jefatura del Estado
republicano a favor de un régimen parlamentario. De otro lado porque se
10
Información obtenida el 3 de octubre de 2007 en: http//:www.asamblea.gov.ni
11
Los puntos que se mencionan a continuación, fueron extraídos el 3 de octubre de 2007 de: http://
www.radiotrece.com.mx/2007/10/02/nicaragua-busca-reforma-constitucional/, quien a su vez lo tomó
de la agencia noticiosa
AFP
, según cable del día 2 de octubre de 2007.
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plantea en un debilitamiento del Frente Sandinista, entre aquellos pocos
líderes históricos que se han mantenido junto a Ortega y los nuevos que
se han promovido desde el entorno de la mujer del presidente, que ejerce
de facto como vicepresidenta política. Es decir, que aparece como un in-
terés cupular y no una demanda social identificable, como ocurre en otros
países por la identificación de las bases con un liderazgo específico, caso
de Venezuela o Bolivia.
La reforma pasa por retocar el vigente artículo 147 de la Constitución
nicaragüense, que reza: “No podrá ser candidato a Presidente ni Vicepre-
sidente de la República: a) el que ejerciere o hubiere ejercido en propiedad
la Presidencia de la República en cualquier tiempo del periodo en que se
efectúa la elección para el periodo siguiente, ni el que la hubiera ejercido
por dos periodos presidenciales; b) el Vicepresidente de la República o el
llamado a reemplazarlo, si hubiere ejercido su cargo o el Presidente en
propiedad durante los doce meses anteriores a la fecha en que se efectúa
la elección para el periodo siguiente.”
Ligada a esta cuestión, aparece la de la ampliación del mandato presi-
dencial, que actualmente es de cinco años, a seis o a siete.
En segundo lugar, como hemos adelantado, la reforma pasa por conti-
nuar el viaje hacia un sistema parlamentario. Como ya vimos en momentos
precedentes de este estudio, de acuerdo con la Constitución nicaragüense
de 1987, la forma de poder es presidencial, republicana y representativa.
Una de las tesis que se ha postulado desde el sector afín al presidente,
es la de dotar al Parlamento de facultades para elegir, por mayoría absoluta
de votos (67 votos) al jefe de gobierno o primer ministro. Sería una nue-
va figura en el ordenamiento nicaragüense, lo que supondría una vuelta
de tuerca clave hacia el modelo parlamentario. Dicha vuelta de tuerca,
permitiría a Ortega cumplir su objetivo último de mantenerse en el poder
sin necesidad de pasar por el delicado trance de reformar el mandato del
presidente. Esta estrategia implicaría lógicamente la supresión de las elec-
ciones presidenciales de 2011.
La predicha estrategia podría perfectamente entrar en un pacto dirigido,
en un primer momento, a que Ortega se postule para el Congreso. En esta
lógica, contaría con el apoyo del liberalismo tradicional del expresiden-
te Arnoldo Alemán del Partido Liberal Constitucionalista, y pretendería
retomar un bipartidismo (
FSLN
y
PLC
). Bipartidismo que como sabemos se
rompió en las elecciones presidenciales con un candidato del nuevo libe-
ralismo: Montealegre. Tanto el candidato como el partido son un invento
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de Estados Unidos que, como tal, tiene una implantación muy débil en
el país, y en consecuencia, tendría una fuerza muy distinta en elecciones
presidenciales que en las parlamentarias, y en unas parlamentarias dentro
de un sistema parlamentario que en la que conformaron el parlamento ac-
tual: parlamentarias en sistema presidencial con coincidencia de campaña
y fechas en la elección.
Después de las elecciones, la estrategia de Eduardo Montealegre ha
sido deshojar la margarita hasta las nuevas elecciones, postularse como
segunda fuerza y única alternativa al dar por difunto al
PLC
. Pero aparte
de las debilidades de Montealegre, que es básicamente vendedor de humo
y de la receta que llevó a Nicaragua donde está, la realidad juega en su
contra. Su imagen y su discurso sirven para los fogonazos de la campaña
corta e intensa, no para fajarse en la vida parlamentaria durante años. Por
otra parte, y esto es más importante, el
FSLN
y el
PLC
hace algún tiempo que
decidieron que era mejor partir la tarta que arriesgarse a no tener nada.
Por todo ello, no es de extrañar que el opositor más acérrimo a este plan
de reforma sea el excandidato presidencial en las elecciones de 2006 y
paladín del sector más conservador de la fragmentada derecha local.
12
Conviene finalmente recordar que la reforma constitucional debe ser
aprobada en dos legislaturas, con elecciones dividiendo el Parlamento
que la inicia del que la culmina, por un mínimo de 56 de los 92 votos del
Congreso,
13
los cuales pueden ser reunidos fácilmente conforme al pacto
12
La Voz del Sandinismo
, extraído el 3 de octubre de 2007 de: http://www.lavozdelsandinismo.com/
nicaragua/2007-10-02/parlamentarismo-nueva-palabra-de-orden-en-nicaragua/
13
La Constitución prevé en sus artículos 191 al 195 la reforma de la misma: Art. 191.- La Asamblea
Nacional está facultada para reformar parcialmente la presente Constitución Política y para conocer y
resolver sobre la iniciativa de reforma total de la misma.
La iniciativa de reforma parcial corresponde al Presidente de la República o a un tercio de los diputados
de la Asamblea Nacional.
La iniciativa de reforma total corresponde a la mitad más uno de los diputados de la Asamblea Nacional.
Art. 192.- La iniciativa de reforma parcial deberá señalar el o los artículos que se pretenden reformar con
expresión de motivos; deberá ser enviada a una comisión especial que dictaminará en un plazo no mayor
de sesenta días. El proyecto de reforma recibirá a continuación el trámite previsto para la formación de
la ley. La iniciativa de reforma parcial deberá ser discutida en dos legislaturas.
Arto. 193.- La iniciativa de reforma total seguirá los mismos trámites fijados en el artículo anterior, en
lo que sea conducente a su presentación y dictamen.
Al aprobarse la iniciativa de reforma total, la Asamblea Nacional fijará un plazo para la convocatoria de
elecciones de Asamblea Nacional Constituyente. La Asamblea Nacional conservará su mandato hasta la
instalación de la nueva Asamblea Nacional Constituyente.
Mientras no se apruebe por la Asamblea Nacional Constituyente la nueva Constitución, seguirá en
vigencia la presente Constitución.
Art. 194.- La aprobación de la reforma parcial requerirá del voto favorable del 60 por ciento de los
diputados. En caso de aprobación de la iniciativa de reforma total se requerirá los dos tercios del total
de los diputados. El Presidente de la República promulgará la reforma parcial y en este caso no podrá
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político que se mantiene en el plano legislativo, con los 40 diputados san-
dinistas y los 25 legisladores liberales.
8. C
ONCLUSIONES
Las elecciones en Nicaragua pusieron de manifiesto, nuevamente, la vo-
luntad de cambio de Latinoamérica. El Frente Sandinista, en principio y
a pesar de las transas históricas que hemos comentado, representaba el
cambio político. Sería quizá más preciso decir que se identificaba como
cambio. Un indicador de dicho cambio fue, sin duda, la expresión de la
mayoría durante las elecciones y tras el triunfo electoral. Otro indicador,
más fiable, por ser menos volátil y maleable que la población, fue la ex-
presión de las fuerzas reaccionarias frente al cambio. Éstas, nacionales e
internacionales, políticas, económicas y mediáticas, azuzaron el miedo
como si nada hubiese cambiado desde la salida del primer Frente.
Las manifestaciones de las fuerzas contra el cambio se llevaron cierta-
mente al plano electoral. Ahí se observó que los riesgos del fraude electoral
siempre están presentes, pero progresivamente se van cerrando los frentes.
Esta progresión podría resumirse en la siguiente regla: cuanto mayores
sean la pluralidad de la observación electoral internacional y la implanta-
ción del partido que representa el cambio, menores son las posibilidades de
fraude electoral y de deslegitimación mediática de los resultados. Además
de estas dos variables, en Nicaragua se da la peculiaridad de que las tran-
sas y cuoteo del Frente con los liberales le hicieron tener posiciones hasta
en el máximo órgano electoral.
Sin embargo, visto lo visto, la virulencia de las fuerzas contra el cambio
no parecen justificarse, salvo si se estima que: Montealegre era todavía
menos cambio y más servilismo que este Frente; que en política inter-
nacional el Frente podría ser, al menos en algunos casos, un voto “boli-
variano”; y si se asume, como es obvio, que la inteligencia reaccionaria,
formal y material, ya sabía que el Frente segundo no era lo que era, evitar
su acceso a la presidencia, retrasaría otro mandato al Frente y retrasaría la
creación de un Frente auténtico.
Esta realidad encuentra refrendo en la reforma constitucional, la última
y la prevista.
ejercer el derecho al veto.
Art. 195.- La reforma de las leyes constitucionales se realizará de acuerdo al procedimiento establecido
para la reforma parcial de la Constitución, con la excepción del requisito de las dos legislaturas.
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La reforma constitucional apoyada por el Frente Sandinista, con ca-
rácter previo a las elecciones que le dieron el segundo triunfo electoral en
su historia, maniató parcialmente a Daniel Ortega, por eliminar el sistema
presidencialista y tornarlo en uno semipresidencialista. La apuesta por
dicha posición denunció varias cosas de importancia variable. De forma
sustantiva supuso constitucionalizar la estrategia sandinista de alcanzar
las mayores cuotas de poder de forma estructural. Dicha estrategia vino
provocada por las sucesivas pérdidas en la elección presidencial y la nega-
tiva de la cúpula de Ortega de abrir paso a otras generaciones.
La predicha estrategia llevaba implícita el abandono de la materia del
proyecto sandinista tradicional; la histórica renuncia se acució, afectan-
do también al discurso, durante la campaña electoral. El colofón de ese
abandono sería el apoyo a la reforma restrictiva de la histórica ley del
aborto nicaragüense pocas fechas antes del lanzamiento de la campaña y
siguió con el abandono de los símbolos durante la campaña. El gobierno
conformado y los meses de gobiernos que se han vivido hasta octubre de
2007 certifican lo peor: Ortega, su señora, y la cúpula sandinista que se ha
plegado al predicho proceso, quieren gestionar el poder y no como antaño
transformar la realidad que ahoga al débil. En este contexto cuadra perfec-
tamente la reforma constitucional que se está barajando: pérdida de poder
institucional a favor de los liberales a cambio de mantenerse en el poder.
Situados ahí, han decidido, no sin razón, que la forma menos costosa de
hacerlo es transitar hacia el parlamentarismo, con independencia de que
se ampliaría el mandato presidencial si se pudiese.
R
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